Gute Natch mein Brause..... Que los despertares sean el sueño matino de los crepúsculos.
El ÁNGEL DEL ÚLTIMO SUSPIRO…
Libertad… volé un instante, ahora apenas recuerdo aquella situación… todo y nada me rodea, todo y nada está aquí. Ahora y en el infinito que sé que no poseo. Y ella sigue postrada en la silla junto a mi cama, riendo macabramente. Lanzando cartas al piso, lo sé, escucho su caer revoloteante, cada una de las cartas con un grito distinto e igual al anterior en el mismo instante. Y ahora todo es una pantalla de sensaciones en un cine a media luz. Todo es la ausencia y mi respiración es ella, el palpitar de mi pecho su mano. El exhalar de mis labios su beso…
Sus dedos se mueven tranquilos, pero impacientes. Largos y puntiagudos. Delgados, asfixiantes, una a una las membranas se retuercen, los sueños perecen cuando ella los puebla en su caída y su juego de gambitos. Mirando siempre un reloj de cadena larga que guarda en el bolsillo.
Primero pensé que era mi padre. Luego pensé que era la callada situación de no sentir más un poco de dolor; y luego supe de su compañía eterna, de su espera opresiva, con esos enormes ojos que me miran todo el tiempo. Segundo a segundo en el letargo del agua cayendo y filtrando mis venas. Ella espera… siempre lo hace, conoce su victoria y nos da una vida de ventaja como Víctor Hugo solía decirlo.
Puede ser como se le antoje, siempre intento mirar su cara, quizás en sueño. Pero nunca lo logro, sé que tiene grandes ojos, roídas alas y una mortaja con olor a claveles… o a azucenas. A veces, y sólo algunas noches, a crisantemos o a rosas. Su nariz es fina y su cabello se alarga como las noches frías en su compañía.
La soledad se duplica en su abrazo, mientras su voz canta en tantas lenguas que ya no las distingo… Admiro su belleza, me repele su amargura, su parsimonia y su helar caminar agónico. Me apasiona su templanza, su silbar en vela, su risa callada. ¿Jamás llora y nunca sufre? Si me lo dijese le creería aunque sepa su mentira. A veces, es la bruja del cuento, otros días es el hada de la esperanza. Algunas mañanas se pone el velo de verdugo, y en las noches baila como Julieta encerrada. El caer del que no estaba pensado para esa hora, los suicidios llegan a su mirada y rompen su baraja... Dos cartas caen al mismo tiempo, unísono grito, salar llanto.
Vive sola. No reniega de compañía, y su cabello es fuego cuando martiriza, y es ébano cuando está tranquila y es Sol cuando un infante cae en sus sobre sus piernas con los ojos sellados. A veces la escucho hablarse a sí misma y curarse las heridas. Lame con gracia las cicatrices como un gato negro en los tejados y en las minas. En la montaña y en la llanura tibia. Su cabello blanco y gris en instantes, arrugan marcan su camino y juventud renueva sus mañanas.
Todos creen que jamás ha de ir cabizbaja, siempre mantendrá arriba las alas, caídas y negras por el peso de la tinta. Galantes e imputadas. Brillantes y suaves. Pero siempre cargará con el peso de todas las almas. Con la angustia de todas las penas, con el camino de los perdidos y el esperar conmigo. Dejando caer otra carta y un sorbo pequeño al vino.
Sus ojos son encendidos y palpitantes, a veces fúricos e indomables. Arden con la mancilles de una explosión… y se apagan con la lucidez que tiene la demencia. Su piel, ácida latente, como animal gastado que aún guarda tersura indómita, anhelante de caricia. De caricia que no sea el abismo de un condenado, que no sea el beso de miles de labios. Con su copa y los hilos de colores que me cuenta en las noches antes de decirme lo bella que está la mañana…
Le gustan los licores fuertes y las prostitutas, adora el SIDA y las calumnias, vive en pensamientos, se alimenta de miedos como una Migala. Ha aprendido que su alma no puede ocuparse de liviandades triviales, como los sentimientos que muestra no sin esfuerzo. Los que ni siquiera nota que aun la siguen.
Cada centuria se hace más hermosa, más altiva… menos escrupulosa, más fácil, menos atractiva, más huidiza, casi levante. Más amante, más volante…. Y ésta noche aún me mira frente a mi cama y respiro sus trágicos disfraces y el hilo cae y la carta cae… y el nombre cambia y el siglo se acaba.
Aún no estoy en seguridad plena de qué fue lo que escribí, ha estado bien decirte que no esperases más que los desvaríos nocturnos de una adolescente desequilibrada. Espero no sea una decepción… La muerte, es más fácil sólo imaginarla

2 comentarios:
Dime una cosa por favor: ¿Cómo haces para imaginar tal cantidad de metáforas de tal calidad? ¿me lo podrías explicar un día? te estaré más agradecido de loque de por sí ya estoy. Porque si es a causa de tu desequilibrio de adolescente, como pareces insinuarlo arriba, entonces reafirmo: nunca seas adulta.
Much love
Bots
Te agardecemos el escrito, te agradecemos las letras. Una vez m´s lo has hecho, has dejado mi cabeza grando por los párrafos de arriba, estoy de acuerdo con Julio en que no seas adulta jamás. Un escritor no revela su secreto ¿Has visto hacerlo a un prestidigitador hacerlo cariño? Eso, entre muchas cosas más, son las mieles de la elocuencia en letras. Felicidades, tus desvaríos de adolescente son encanadores.
No estoy de acuerdo que es más fácil imaginar a "La muerte".
Buenas Noches Maralejandra. Segapo Poparapoli (Creo que así va)
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