Buenas tardes eco de miles de amantes. Decía mi madre que todo regresa a su curso. Que nada es estático y el miedo regresa siempre; no diré que has sido indiferente. Pero he logrado seguir tal como lo dijimos. No es justo volver así sin decir nada y creer que todo está aquí para tí. Ni siquiera sé aún porque te escribo ésta tarde. Podría elogiarme de tener todo lo que deseo hasta ahora, y ya no estás en mis planes. El pasado no aguarda y el futuro es aniquilado en cada minuto. Bienvenido de regreso a tu vida... Y suerte en la Facultad.
Espera...
¿A quién esperas en la vigilia de tus tardes?
Esperas... sólo esperas mientras el viento se vuelve eco...
cuando la vida se convierte en cadáveres
y las noches son ya mañanas.
Esperas degollando tu tristeza,
empalmando un trago con la muerte;
esperas... simplemente esperas, cuando la juventud se cansa.
¿Mientras mi alma te aguarda?;
Esperas... y no desistes del suicidio.
Vives en mi venas,
en la pesadumbre de la nada
sobre mis atadas.
En la casa del silencio que sobre tus hombros
existe; apareces en la extrañeza que languidece.
Esperando mi llegada en los suspiros.
Olvidando las tardes del pasado...
la luz que amanece,
la agonía que clama.
Y ahí estás, antigua voz de razones,
en la soledad de la música de orquesta,
y en el correr que se volvió
mi parada...
No esperes más.
Vida antigua, no esperes más
en las encrucijadas que le pones al estaca.
No esperes más, ni llamas ni hielo...
ni gracia ni facto.

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