Alraune
Eres la locura en cuerpo de niña,
dama de las pesadillas;
el grito de la brujería
magia negra entre risas.
Arrancada de las entrañas del cádaver,
agonizas los silencios,
quemas la piel,
el líquido blanco de los muertos,
la noche que das para beber.
Mandrágora,
recuerdo herido,
penetras, te hundes, te quedas,
en el camino,
roca de los cantos sin voz.
el el andar envenenado de los alientos sin flor.
Alraune, encallada en la tierra,
Mandrágora, locura de oídos,
la muerte lenta en el patíbulo.
la niña demonio de ansia capital
como el pecado.
Alimentando
la idea del amor sin pasado,
en la edad media de tu raíz flotando,
en el camino sin curvas de tus senos
Mandrágora, el más amargo alimento...

2 comentarios:
Je... Te extraño, y lo más absurdo es que lo expreso en una forma que nunca antes se me había ocurrido: ¡Públicamente! Sí, lo sé, es muy triste. ¿Sabes? Te mentiría si dijera que es la primera vez que hurgo en uno de tus espacios o como se les llame. Fingir que no sé mucho de tecnología no es mi fuerte, creo que es evidente que no quiero reconocer que no me agrada escribir por este tipo de lugares. Pero aquí estoy, escribiendote para sofocar mi ocio (es decir, mis ganas de verte) y esperando verte por aquí (cosa que no sucederá). Bueno, ya me extendí. Me agrada cómo escribes mi querida mocosa, lo sabes pero lo digo poco. Ya me voy, espero estes recuperándote de tu enfermedad ficticia y que me extrañes por lo menos un poco. Espero verte pronto, te adoro Mar.
Pd.- Tengo algo que darte y no, no es ningún sermón ni una aberrante solicitud en tu agenda, tal vez pueda interesarte.
BUENO, ESCRIBO ESTA CITA DE MARIO BENEDETTI, VIENE A CUENTO, CREO. OJALA TE GUSTE, PRECIOSA,
bots...
En este mundo nuestro todos vivimos en estado de alerta. En un pasado no demasiado lejano, las alarmas eran armas de la naturaleza: inundaciones, temblores de tierra, vientos huracanados, lluvias torrenciales, aunque no hay que olvidar que a veces venían acompañadas por desvaríos humanos. Ahora son éstos los que provocan las peores alarmas. Sin ir más lejos, la tan mentada globalización es en última instancia un gran basurero del poder.
Nos alarman las invasiones y su obligatoria colección de cadáveres, nos asusta la presencia de algún dios en las guerras. De a poco nos vamos enfermando de alertas, y el sosiego natal va quedando allá lejos, mezclado con el barro de la inocencia.
La alarma se ha convertido en un estilo de vida, y a veces en una antesala de la muerte.
Nos alarmamos al distinguir el rostro impávido de los dictadores, para quienes las únicas alarmas son las revoluciones. O sea que si queremos asustarlos, aunque sea un poquito, debemos construir nuestras modestas alarmitas revolucionarias, para que al menos se miren al espejo y se den asco.
MARIO BENEDETTI.
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