SIN EMBARGO...
Joaquín Sabina
De sobra sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberte conocido, lo confieso.
Tú que tanto has besado
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra, amor,
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y cuando vuelves hay fiesta
en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día.

2 comentarios:
Cuando estaba en la preparatoria yo no tenía amigos. Trababa relaciones con un par de tipos a los que imaginaba como amigos sin darme cuenta que ellos tampoco tenían amigos y era por ello que nos juntábamos, para no estar totalmente solos, pero no nos queríamos ni nos estimábamos ni nada. Un día, cuando estudiaba en tercero de preparatoria -debe haber sido un día de prncipios de abril-, allá por el año de 1972, y cuando a la sazón contaba con 17 años de edad y por lo tanto no tenía canas ni insomnio, me paseaba por el patio de la prepa durante un descanso entre clase y clase, deben haber sido las 10 o las 11 de la mañana. Caminaba solo cuando de pronto ví como a unos 20 metros de distancia a un grupo de compañeros de mi clase. No eran mis amigos pero como algunos de ellos me caían bien, me acerqué a platicar. En el preciso instante en que llegúe a donde estaban, uno de ellos estaba diciéndo a los demás con un entusiasmo marcado: "¡Vamos! ¡Vamos!" Y yo entonces sin mediar saludo ni media palabra de nada le pregunté directamente, sólo por hablar, por hacerme el chistoso: "¿A dónde vamos?" Su respuesta fue inmediata y contundente: "A San Miguel Allende, Guanajuato" y con toda seriedad y continuando con el entusiasmo me explicó las maravillas que se enontraba uno por allá, desde monumentos coloniales, calles empedradas, bares para pasar la noche entera oyendo buen rock, viejas bien buenas (gringas muchas de ellas), tranquilidad y calma. Sorprendentemente me repitió "¡Vamos!" y ya para ese momento su tono de voz era el de una invitación formal.
Un par de semanas después, el jueves 13 de abril de 1972, a las 5 de la tarde, estaba viajando con otros 5 compañeros en un camión no sé de qué línea, rumbo a San Miguel Allende. Todos teníamos 17 años, nadie faltaba, nadie sobraba, nos habían dado permiso a todos.
El ambiente era de euforia, no paramos de hablar, de discutir, de echar desmadre, de reir, de identificarnos... sobre todo eso.. de identificarnos. Para ese momento ya ellos eran mis amigos. Al fin, después de varios años lograba hacer amistades de verdad. Todos ellos fueron mis amigos durante muchos años. muchas décadas. Dos de esos cinco siguen siendo mis amigos entrañables hoy, casi 35 años después de ese viaje. Uno vive en Madrid y lo extraño enormemente. Otro vive sobre Miguel Angel de Quevedo y da clases de matemáticas. A los otros ya no los veo. Uno de ellos creo que murió. El responsable de haber organziado ese aquelarre fue durante algunos años mi mejor amigo. Hoy sólo esporáducamente lo escucho en el otro lado de la línea del teléfono cuando le mando algún artículo a ver si se le antoja publicarlo.
Entre el 13 y el 16 de abril de 1972 mi vida cambió brusca y radicalmente. Mis mejores amigos los hice en esos días. MI vida fue otra a partir de ese momento, Una vida intensa, rica, creativa.
Y todo porque llegué en el instante preciso a preguntar, sólo porque sí: "¿A dónde vamos?" Si no huberia hecho eso... Seguramente no estaría comunicandome contigo, poeta mía, querida, celeste adolescente, mi otro corazón.
Así es esta vida...
Te quiero
Bots
Lo que pasamos ayer fué muy hermoso. Te Amo. Y aunque no adopté la típica posición de novia traicionda, debo decir que la celosía es algo incontrolable a veces, y un juego de botella a final de cuentas, es en lo personal, un no-juego. Es una oportunidad de pedir lo que deseas con el pretexto del honor en juego, es una forma muy inocente de digamos, engañar. Aún no me cae el 20 de cómo Marcela y cómo Karla y etc. Pero total, quién soy yo para criticar. La belleza es relativa al igual que el tiempo. Lo que sí es que de nuevo hago la petición a tu cerebro de que seas sincera; me parece que no es la forma adecuada "la balconeada" ó el "opp\'s" de las conocidas. Agregando que yo me doy cuenta absolutamente de todo, y no lo acepto ni me resigno, sólo calibro tu tacto y otras cosas. No me espanto, no me asusto de un faje, de un "momento" o hasta de un reto o apuesta; sin embargo, sí me hace sentir molesta. Todos la cagamos, la cuestión es aprender de, o trabajar para no cagarla más. Yo soy bien desmadrosa y también me divierto, la diferencia radica en que yo soy medio imbécil y hablo de mis ratos de libertinaje; aunque a terminos de suma, es el mismo resultado decirlo o no, siempre da 3.
Yo te prometí algo anoche y voy a cumplirlo. o pido lo mismo, sólo exigo las condiciones iguales de juego. Eso de los pretextos es muy idiota...Una explicación básica y lógica: la 3era ley de Newton es aplicable a toda la masa.
Te Amo, eso es algo muy mío, que me es necesario sentir como humano. Recuérdalo.
Sin más que un extraño romántico,
Loreley.
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