La Bailarina Azul...
Los ríos escarlatas cubrían los pasos sobre el suave y acolchado algodón... Los ojos de un payaso de cerámica se mantenían fijos en la escena burlándose de ella sarcársticamente, mientras los cientos de figurillas se mantenían inmóviles en la fría repisa. Algunas de ellas, estaban cubiertas de polvo de olvido, y se horrorizaban de no poder cerrar los ojos, que exánimes sobre los ríos, veían nebulosamente a través de las las pupilas inertes.
La mesa estaba puesta para una sola persona, incluso había una rebanada de pastel de fresas y la casa olía a café vespertino... La cena estaba intacta, solo servida, como para quien recuerda que debe comer, pero el tiempo le juega bromas pesadas. La mesa estaba intacta... Ni el murmullo de las almas rompía el agudo silencio de aquella casa. Sobre la mesilla de la sala, junto a una pequeña lámpara estaba la última figurilla por fin terminada; Dalia, La Bailarina del Tutú azul, era justo como las imágenes en los cuadros de Degas, pero aún mas hermosa. Perfecta...
Era una muñeca de fragilidad cautivante. Poseía una fina cintura que enmarcaba los pliegues de la falda de pantomima, haciendo notar aún más su esbelta figura de proporciones dotadas de belleza. Los largos brazos austeros y semidesnudos, solo cuebiertos por un fino velo de seda azul, hacían dulce el momento de observar la postura en la que había sido congelada por a escultora. El cuerpo terminaba con unos delicados pies pequeños, envueltos dulcemente en zapatillas de baile con listones de tul, que se replegaban habílmente en el paso de puntas, justo en el intante del giro... Dalia era hermosa.Sus ojos azules y menguantes transmitían la vida que poseía, su piel tersa y virgen y sus labios rojos, rojos como el cabello, tan rojos como el suplicio... Rojos....más escarlatas que las fresas, granas como la sangre.
Su construcción había tardado meses a pesar de tu pequeño tamaño,la escultora pensaba cada noche en un nuevo detalle que hiciese mas bella su creación. A veces trabajaba en ella todo el día y cerraba los ojos pensando en lo perfecto de su existir... en cada porción de "ella", su querida bailarina azul. Que cada noche era arrullada con El Lago de los Cisnes, de Tchaikowski.
La escultora dormía pensando en la muñeca, en lo magnifico del trabajo del día anterior. Justo al levantarse, corría a verla y entonces descubría la imperfección en ella. Un dedo levemente inclinado, una cinta en las zapatillas con un contorno un poco mal delineado, un pliegue arrugado por la pintura... detalles, solo detalles que asesinaban su perfecta obra, detalles que la hacían horrenda e inundaban a su madre de deseos de destruirla. Entonces la escultora no contenía el deseo, y lo hacía. Si notaba la imperfección en un detalle, arrancaba por completo el cerámico miembro, dejando mutilada a su creación por unos instantes antes de comenzar de nuevo...Diciéndole al oido, con voz alta y dulce a su pequeña bailarina aún sin cabeza, palabras para tranquilizar el dolor de la mutilación...
"Dalia, oh mi querida Dalia!, serás la perfección de mi obra, la más amada de mis hijos inertes. Pero para ello mi pequeña,debes ser 'PERFECTA'; la impureza no manchará tu rostro, ni el pecado tocará tus labios. Tus manos guardarán el halo de la infantil inocencia...Helada en la eternidad como un cuadro de Impresionismo, marcando la pirueta del giro sin fallas... Así serás mi amada Dalia. No sufras ahora la malformación que tu madre te ha causado. Ni penes aún por el dolor de la extirpación del error, tú, mi niña, serás Perfecta..."
La escultora besaba al terminar las palabras el cuerpecillo de la figurilla inconclusa. Preparaba la cerámica para ser utilizada, mezclando lenta y precisamente las cantidades exactas. Tomando en mano cada uno de los instrumentos de detalle; las pinturas, los palillos, los pinceles, los remiendos de tela, todo...todo estaba ante ella cuando creaba.
Las figurillas de la repisa le veían con amargura llenas de polvo, el payaso siempre reía sarcástico haciendo la reverencia de saludo con el sombrero, pose en la que había sido concebido. La escultora trabajaba afanosamente evitando distraerse con sus creaturas que llenaban la repisa como mil soldados...
Su primera fugurilla había sido una muñeca de trapo, representada en cerámica. Una muñeca de palidez de lirio, con vestido de flores moradas, y parches de lunares amarillos y blancos, llevaba una canasta con dos frasquitos y su cabello rubio se trenzaba en dos. La muñequita sonreía mostrando sus marcadas chapitas escarlatas y sus grandes ojos aguamarina, verdes como el topasio. La muñequita era linda, había sido hace mucho la primerra perfección, que ahora la creadora veía como el horrible primer intento. El intento que no valía de nada, más que para ser oculto de los ojos del mundo. Ese era su sitio, tras todas las estatuillas, cubierta de polvo y llorando lágrimas de abandono... Escondida del mundo.
Ese era el pasado y el destino de todas las creaciones. Cada una de las figurillas del anaquel. Todas habían sido amadas y perfectas y ahora solo eran ecombros del asombroso recuerdo. Pero la bailarina, oh! la bailarina, habían pasado meses y aún no era perfecta, el tiempo jugaba con la escultora como jamás antes lo había hecho...La escultora tenía miedo; tenía miedo de hacerle un rostro, aún no sabía el color de su cabello ni la forma en que lo llevaría, pero sabía que sus ojos sería azules...Azules como la nieve dulce del polo. Sin malía ni perversión, serían ojos de infante feliz... y sus labios, serían escarlatas, rojos, rojos como la sangre de sus venas, rojos y vivos. Dalia tendría vida en sus facciones no sería una escultura de inerte belleza, ella sería perfecta.
Eso pensaba la escultora con cada acompasado pincelazo, sobre el cuerpecillo de Dalia. Los meses pasaron y el cuerpo aun no era perfecto. La bailarina era mutilada cada mañana, y de nuevo hecha hermosa cada noche... para el Lago de los Cisnes. Con la misma rutina 8 meses fueron consumidos, hasta que la escultora al fin pudo ver perfección en cada detalle de su obra. El cuerpo estaba terminado. Era Octubre y las hojas caían de los árboles despidiéndose de la vida. La escultora sonreía y contemplaba su cuerpecillos junto al de las Bailarinas de Degas,era perfecto...Completamente.
Ahora solo faltaba el rostro, la parte mas importante...entonces decidió que la bailarina azul sería pelirroja. En los cuadros de Degas no había ninguna pelirroja, y eso a haría aún mas bella, además el cabello carmesí haría brillar sus labios de la misma manera. La escultora comenzó a darle forma a una ovalada cabeza con rizos sueltos, dió forma a lo que serían sus ojos, los labios, las cejas, los pómulos levemente salidos que alargaban el contorno de su fino rostro... la nariz fue pequeña en angostura y larga levemente, era respingada y le daba dulzura a la faz tranquila.
Los detalles del rostro, aún en cerámica sin pintar tardaron tres meses más. Llegaba el momento final, el momento que le daría la vida de la creación, la pintura. La escultora tomó cada tinte matizándolo para darle color a la piel, el color puro y perfecto... que no era el pálido lívido de todas sus creaciones, sino un tenue color durazno joven de exquisita tersura, la escultora delineó sus ojos Azules de manera admirable; cuidadosamente con ayuda de un diminuto palillo y una lupa, les dió brillo con pitura blanca... Por fin el rostro estaba vivo, pero había algo, faltaba pintar la roja cabellera y los labios encarnados... La pintura le parecía tan pobre a la escultora.
-"¿Cómo darle vida a los rojos labios?"- Pensaba en voz alta a creadora, mientras se dirigía al taller de material y tomaba un bisturí de delineado... Inmediatemente se dirigió a la mesilla de las sala junto a la lámpara donde descansaba la inconclusa creación, se sentó junto a ella y le dijo dulcemente...
"Dalia, mi querida Bailarina Azul, eres casi perfecta, solo falta un poco, solo un poco..."
Mientras decía estas palabras la escultora se abría las venas de las muñecas, tomando rápidamente el pincel mas fino que tenía comenzó a pintar sus labios que brillaban ahora con el color de la grana... La escultora cuidaba de no manchar a la muñeca dejando caer la sangre sobre la alfombra de algodón. Tomó un pincel un poco más grueso y comezó a pintar el cabello que brillaba con el fulgor de la sangre de las heridas. Le daba la perfección a la obra, dejando fluir la sangre en veredas continuas como ríos. Estaba por fin terminada, era perfecta... se erguía hermosamente sobre la mesilla con sus ojos Azules y sus labios Rojos...
"Eres perfecta, hija mía, al fin lo eres"
Dijo la escultora antes de sumirse en el sueño más profundo de su existencia... el sueño que no la dejaría volver a despertar más....

5 comentarios:
Ah..aùn sigo pensando que Dalilah es nombre de vaka y que me parta un rayo si no es verdad ja,aj,aja-.
Deberìas de haberle puesto Aline, es un nombre bonito, no crees?
Sabes? se me hizo muyyy conocida la anatomìa y rasgos de la bailarina..què lastima que no sepa por què, tu si? jajaja
Te Amo.
Esto es dedicado a tí mi aguila intrépida, mi otro corazón:
El amor – es anterior a la vida-
Posterior a la muerte-
Principio de la Creación, y
El intérprete de la Tierra-
(Emily Dickinson)
Si puedo evitar que un corazón se rompa
No viviré en vano
Su puedo aliviar el Dolor de una Vida
O calmar una Pena
Ayudar a un petirrojo que desfallece
A regresar el Nido
No viviré en vano
(Emily Dickinson)
-Dame tu pañuelo, hermana,
que vengo muy mal herido.
-Dime qué pañuelo quieres,
si el rosa o el color de olivo.
-Quiero un pañuelo bordado,
que tenga en sus cuatro picos
tu corazón dibujado.
(Rafael Alberti)
¿Sabes? eres genial, cada uno de tus relatos es un ejercicio de tu libertad, eres libre. ¡¡¡¡Jamás dejes que nadie te robe la libertad!!!!!
Águila intrépida e impetuosa:
Mi otro corazón:
Celeste adolescente:
Para revivir el optimismo hay que leer esta cita que probablemente ya hayas conocido alguna vez, pero que inevitablemente me hace derramar alguna lágrima de alegría cada vez que la leo. Ai te va.
Kh..
Dum spiro spero! [¡Mientras hay vida hay esperanza!]... Si yo fuera uno de esos cuerpos celestes, miraría con completa indiferencia a esta miserable bola de polvo y suciedad... Alumbraría por igual sobre el bien y el mal... Pero soy un hombre. ¡La historia mundial que para ti, desapasionado glotón de la ciencia y para ti, contador de la eternidad, es sólo un momento despreciable en la balanza del tiempo, para mí lo es todo! ¡En tanto viva, lucharé por el futuro, por ese radiante futuro en el que el hombre, fuerte y bello, será el dueño de la cambiante corriente de su historia, a la que dirigirá hacia los horizontes infinitos de la belleza, la alegría y la felicidad!
El siglo XIX ha satisfecho en muchos aspectos las esperanzas del optimista. Pero también lo ha dececpionado en otros, aun más numerosos... Lo ha obligado a transferir la mayoría de sus esperanzas al siglo XX. Siempre que el optimista se veía confrontado por un hecho atroz, exclamaba: ¡cómo es posible que esto pueda suceder en los umbrales del siglo veinte! Cuando proyectaba bellos paisajes del futuro armonioso, los ponía en el siglo veinte.
¡Y ahora ese siglo ha llegado! ¿Que ha traido consigo en sus inicios?
En Francia, la espuma venenosa del odio racial, en Austria el antagonismo nacionalista...; en Africa del Sur la agonía de un pueblo débil, asesinado por un coloso; en la misma isla "libre", himnos triunfantes, a la voracidad victoriosa de los traficantes del odio al extranjero; dramáticas "complicaciones" en el oriente; rebeliones de las masas populares hambrientas en Italia, Bulgaria, Rumania... Odio y asesinatos, hambre y sangre...
Parece como si el nuevo siglo, este gigantesco recién llegado, estuviera destinado desde el mismo momento de su surgimiento a llevar al optimista al pesimismo absoluto y al nirvana cívico.
-¡Muera la utopía! ¡Muera la fe! ¡Muera el amor! ¡Muera la esperanza!, truena el siglo veinte con salvas incendiarias y con el golpeteo de las ametralladoras.
-Rindete, patético soñador. Aquí estoy yo, tu largamente esperado siglo veinte, tu "futuro".
-No, responde el optimista invencible: Tú. Tú eres sólo el presente.
Leon Trotsky (Siberia, 1901).
La melancolía.
Sentimiento alejado de la vulgaridad.
Sentimiento de repugnancia y de rechazo a lo convencional.
Refugio de quien se niega a ser absorbido por la cosificación del mundo y por su autoritarismo.
Refugio de quien es rechazado precisamente por huir de los convencionalismos.
La melancolía es el bálsamo del soñador o de aquel o aquella que ha sido víctima de sutiles injusticias y que, en su soledad, aspira a los ideales utópicos profundos para poder superar su sufrimiento. La melancolía despierta en el individuo una fe en un difuso y mal definido futuro en el cual, sin embargo, aparece delineado el ideal utópico humano de amor universal y sin barreras. El ser melancólico se sumerge en su sentimiento buscando evadir la dureza y la hostilidad del mundo, de un mundo de intereses materiales y de propiedad privada que le son hostiles y ajenos al ser humano. El o la melancólica debe sumergirse en ese sentimiento a fin de rescatar lo que de humano tiene o le queda. Por ello la melancolía puede ser subversiva y aún revolucionaria.
La persona melancólica es una persona herida, es una persona que busca en lo más profundo de su ser una alternativa para su vida y una forma de vivir que resalte y rescate, aunque sea para ella misma, sus deseos, despreciados por la sociedad.
La persona melancólica es alguien cuya sensibilidad y su conciencia son muy superiores a los del común de la gente, por ello no son bien vistas ni soportadas.
28 de mayo de 2006, 22:00 hrs.
Botas
Sé- Y sé muy bien- que no soy bienvenido en este espacio. Desde que apareciste en mi vida, por así decirlo , sentí la curiosidad de leer tus escritos de los que tanto hablaba Am. Aquí estoy leyendote rápido, tomando un poco de todo a falta de tiempo y porque es muy tarde aquí y los ojos se me cierran. Bueno, admito que tienes talento.
Y agrego a este comentario que he puesto aquí por haber sido el cuento que más me ha gustado, que la única inspiración que hay detrás es Aline ¿Me equivoco? No... tiene que ser ella.
Cuídala y quiérela mucho.
Demian. V.G.B
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