De las cosas que dejan las vacaciones largas, además de más tiempo para tomar café o alguna otra bebida según los protocolos humanos, es una larga lista de noches de insomnio. No es que no pueda dormir, es sólo que la imposibilidad para levantarme temprano obliga a mi cuerpo a formarse un nuevo horario conveniente tanto para el mundo exterior, que sigue su curso ininterrumpidamente, como para mi mundo interior... con todo y sus cursos inexplicables.
Es así como uno termina viendo películas sólo por la curiosidad o el gusto, y no por la necesidad fisiológica de crearte un significado reflexivo de la existencia. Además, te da tiempo de darte cuenta de todas las cosas repetidas que existen en el software de tu computadora... años y años de acumulación y miedo al perder un día, cosas que no recuerdas por qué demonios guardabas. Años de rabia, de amores propagados como virus que se repiten gastando "memoria" (me gustan los giros idiomáticos que les damos a las cosas que nos rodean) que podría ser más útil albergando este presente y sus infinitas posibilidades de futuro.
El punto, sin embargo, era el idioma, el uso de palabras más cálidas y acogedoras en objetos fríos; creados para reunirnos sin vernos los unos a los otros; la pérdida absoluta de humanidad y aún así los términos cálidos, reales y fraternales usados para llamarle a los mil usuarios agregados en tu cuenta "social" tus "amigos" como hace eones solías llamar sólo a aquellos que eran trascendentales; o tus "seguidores" enmarcando en ti un nuevo gurú o líder social a la par de esos que en algún momento gestaron las revoluciones, todo esto sólo para darle sentido a la megalomanía global en la que vivimos, y que como arena nos llegó al cuello sin darnos cuenta. No sé porqué me parece que se asemeja a la lenta digestión de una boa, al mero estilo del "Principito", que acabó por engullirnos más en la domesticación prometida.
El uso de los artículos posesivos es otro giro divertido. Años de lograr hablar en voz alta, de por fin darle sentido a todos los "Mi, tu, su" con sus plurales respectivos. Con las alegorías y metáforas de la vida cotidiana. Milenios de largas conversaciones tratando de delinear, dibujar, escribir o incluso fotografiar el amor, y aún así tener que reducirlo a blasones, sonetos... sinécdoques, símiles y la infinita usurpación de lugares comunes, que pocos, si no es que nadie, viven al pie de la letra.
No es pesimismo, aunque Saramago estaría orgulloso, es sólo que es "la sal de la vida" lo que nos hace seguir leyendo historias de amores trágicos, irreverentes, concienzudos... imposibles, para no hacer el cuento largo. Es justo lo imperfecto lo que vuelve a esos blasones un remedo de mujer de oro, que al tocarla sería tan fría como "la memoria" de mi computadora. En la que, por cierto, aún me tiembla el dedo al aceptar borrar los 15gb ocupados por repeticiones del pasado que quisiera recordar porqué guardaba...
| Kiss in Water Por. Maralejandra Hernández Trejo |

0 comentarios:
Publicar un comentario