Fatalidad de Eternidades
¿Quién conoce la vida eterna y no la larga vida?
Viviendo entre andares taciturnos y silencios francos….
¿Cuántos existen viendo morir al mar y lloran la tristeza de una montaña que se descarna?
Busco la miseria! Sé que vives en mis sueños…
¡Sal y muéstrate diáfana desoladora!
No quiero más debilidad ni misericordia
Hadum Fatus Mortem!
Muere compasión en copa de entraña
Y por la tortura de saberse inofensiva
Padece la valentía.
Décadence la mia vita!

1 comentarios:
25 de enero de 2007 1:00 hrs.
Parte III.
Unas palabras más acerca del sentimiento de indignación. La indignación lleva a la concientización y ésta a la dignificación del ser humano. Me indigno y me concientizo, adquiero conciencia de mi humanidad, de mi existencia como humano, conciencia de mi propio yo. Me concientizo y como eso me lleva reconocerme como parte del género humano, adquiero conciencia de mis derechos y de cómo éstos tienen que ser cumplidos; me reconozco en mí mismo y en los otros seres humanos. Mi conciencia deja de ser un simple reconocimiento de mi presencia en el mundo. Mi presencia es admitida como una relación con los demás humanos, como una actividad permanente en la cual yo me ubico como un ser íntegro, con obligaciones pero también con derechos. Unas y otros son iguales a los que tienen o deben tener los demás.
Y allí es donde surge la noción y la exigencia de respeto, respeto entendido como ya lo describí en la primera parte de esta reflexión.
Tal adquisición de la noción de respeto, la introyección en la mente de cada persona es un proceso difícil y complejo pues todos nosoteros, , como ya lo dije, hemos sido educados en la idea de que no somos nada y de que estamos dstinados a obedecer y someternos al que se autonombra “superior” a nosotros, “autoridad” y que ocupa una posición de poder que desde nuestros cuerpos y mentes infantiles se muestran como insuperables, eternos, irremplazables e invencibles. Nuestra mente infantil muchas veces encuentra muy difícil superar ese estado de cosas y se queda estacionada en ese estado de indefensión, de desamparo, de debilidad, de abandono, ¡de miedo!, que tanta lástima producen y tanta caridad, lástima y misericordia desarrollan
Por eso el proceso de concientización es, ya en sí una lucha denodada que se lleva a cabo en nuestro interior y que muchas veces tiene éxito pero muchas otras no. El grave problema que aquí se presenta es que quien se atreve a ser en sí mismo rescatar para sí mismo su propio yo, es una persona consciente y al mismo tiempo en proceso de concientización y que, a pesar de ello, puede salir derrotado en esa lucha, pero quien no se atreve a luchar para encontrarse a sí mismo y construir un yo propio, ese o esa, está derrotado irremediablemente.
En pocas palabras: Si luchas puedes perder; si no luchas estás perdido.
La indignación y la exigencia de respeto pueden no encontrar una salida positiva, pero pueden sí hacerlo. La lástima y la misericordia son autodestructivas, limitantes y casi suicidas. La indignación puede llevar a la concientización y a la dignificación de la vida humana. La lástima y la misericordia, por sí solas, nos hunden en un pantano, nos aprisionan en una mazmorra y nos esclavizan.
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