Una vez más la poesía de un maestro en esto me da la respuesta a mis plegarias internas.... Octavio Paz, tiene la palabra.
Gute Natch...
Soliloquio de Media Noche.
Dormía, en mi pequeño cuarto de roedor civilizado,
cuando alguien sopló en mi oído estas palabras:
" Duermes , vencido por fantasmas que tu mismo engendras,
y mientras tu deliras, otros besan o matan,
conocen otros labios, penetran otors cuerpos,
la piedra vive y se incorpora,
y todo, el polvo mismo, encarna en una forma que respira"
Abrí los ojos y quise asir al impalpable visitante,
cogerle por el cuello y arrancarle su secreto de humo,
mas sólo vi una sombra perderse en el silencio, aire en el aire.
Quedé solo de nuevo, en la desierta noche insomne.
En mi frente golpeaba una fiebre fría,
hundido en el mar hirviente bajo mares de hielo.
Subieron por mis venas los años caídos,
fechas de sangre que alguna vez brillaron como labios,
labios cuyos pliegues, golfos de sombra luminosa,
creí que al fin la tierra me daba su secreto,
pechos de viento para los desesperados,
elocuentes vejigas ya sin nada:
Dios, Cielo, Amistad Revolución o Patria.
Y entre todos se alzó, para hundirse de nuevo,
mi infancia, inocencia salvaje domesticada con palabras,
preceptos con ateojos,
agua clara, espejo para el árbol y la nube,
que tantas virtuosas almas enturbiaron.
Dueño de la palabra, del agua y de la sal,
bajo mi fuerza todo nacía otra vez, como al Principio;
si mis yemas rozaban su sopor infinito
las cosas cambiaban su figura por otra,
acaso más secreta y suya, de pronto revelada,
y para dar respuesta a mis atónitas preguntas
el fuego se hacía humo,
el árbol temblor de hojas, el agua transparencia,
y las hierbas y el musgo entre las piedras y las piedras
se hacían lenguas.
Sobre su verde tallo una flor roja me hablaba,
una palabra me abría cada noche las puertas de la noche
y el mismo Sol de oro macizo palidecía ante mi espada de madera.
Cielo siempre poblado de barcos y naufragios,
yo navegué en tus témpanos de bruma
y naufragué en tus arrecifes indecisos;
entre tu silenciosa vegetación de espuma me perdía
para tocar tus pájaros de cristal y reflejos
y soñar en tus playas de silecio y vacío.
¿Recuerdas áquel árbol, chorro de verdor,
erguido como dicha sin término
a media noche dorado,
obscuro ya de pájaros en la tarde de sopor y de tedio?
¿la recuerdas aquella tarde de pasmo,
cuando la viste como si nunca la hubieses visto antes,
azul escala para llegar al cielo?
¿Recuerdas la fuente de verdín y de piedra,
los charcos...
las violetas de apretados corpiños, siempre tras las cortinas de sus sueños?
Reino en el polvo, reino
cambiado por unas baratijas de prudencia.
Amé la gloria de la boca lívida y ojos de diamante,
amé el amor, amé sus labios y su calavera,
soné en un mundo donde la palabra engendraría
y el mismo sueño habría sido abolido
Pues la gloria es apenas una cifra, equivocada con frecuencia,
el amor desemboca en el odio y el hastío,
¿Y quién sueña ya en comunión de los vivos cuando todos comulgan
en la muerte?
A solas otra vez toqué mi corazón,
allí donde los viejos nos dijeron que nacían al valor y la esperanza,
más él, desierto y ávido, sólo latía,
sílaba indescifrable,
despojo de no sé qué palabra sepultada.
"A esta hora -me dije- algunos aman y concen la muerte en otros labios,
otros sueñan delirios que son muerte,
y otros, más sencillamente, mueren también allá en los frentes,
por defender una palabra,
llave de sangre para cerrar o abrir las puertas del mañana"
Sangre para abutizar la nueva era que el engreído profeta vaticina,
sangre para el lavamanos del negociante,
sangre para el vaso de los oradores y los caudillos,
oh corazón, noria de sangre, para regar ¿Qué yermos?,
para mojar ¿Qué labios secos, infinitos?
¿Son los labios de un dios,
de Dios que tiene sed de nosotros,
nada que sólo tiene sed?
Todos y todo éramos fantasmasde esa noche interminable
a la que nunca ha de mojar la callada marea de otro día.

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