El Gran Gusano
La puerta se abrió a la multitud que esperaba la llegada del gran gusano. Todos entraron esperando afanosamente encontrar un lugar para descansar los ánimos. Aún era muy temprano y éste era el primer viaje del día del gran gusano naranja. Él entró y tomó el lugar de la esquina en el final del vagón, vestía de negro totalmente con una gabardina que cubría casi por completo su rostro. Observaba todo, cada mirada, todo era analizado por sus negros ojos abiertos.
Desde niño el jugaba a imaginar historias, con las personas que encontraba en su camino. Hace no mucho solía ser bien parecido, y viajaba con la cabeza erguida observando con contemplaciones fijas. Pero la tarde de ese mismo martes un mes antes, había tenido un accidente con agua caliente y su cara había sido desfigurada. El dolor le embargó esa misma tarde y decidió salir a ver gente en los andenes, con la cara cubierta. Su imaginación volvía a volar…. Entre carcajadas hondas, profundas tan profundas que la realidad escapaba y las risas no se escuchaban.
Un niño veía al hombre; un infante de no más de 5 años. Vestido con un short marrón y una pequeña playera con una imagen en el pecho. En todo el vagón solo el niño podía escuchar la risa del hombre. El chiquillo podía ver lo que el hombre imaginaba. Y le causaba gracia. Quizás habría reído con el hombre como todo niño con felicidad lo hubiese hecho. Pero no; no este niño. Puesto que este pequeño lloraba en silencio de la mano de su madre. La madre guardaba desesperación en su rostro mezclada con odio. Y jalaba los frágiles brazos del niño, que seguía llorando sin emitir sonido. Sus piernas, cuello y extremidades mostraban moretones y heridas, y sus ojos estaban a punto de explotar en sangre en vez de lágrimas.
La noche anterior, el marido de la mujer y padre del niño había confesado tener una amante y decidido abandonar a su esposa e hijo para continuar su vida. La mujer se llenó de ira que contenía en sus puños cerrados, y los inmoló sobre su hijo, quien después de unos minutos ya había sido masacrado a golpes.
Junto a la madre una muchacha de 19 años miraba a través de la ventana las lucecillas fluorescentes y azules de los túneles, mientras de acariciaba el vientre que guardaba cuatro meses de espera. Entre sus manos llevaba un libro de nombres con las puntas gastadas. La joven reía mansamente como confiando en el futuro. De pronto, la luz fue ausente dentro del metro; una gota de lágrima marchitó su sonrisa, y ella apretó fuertemente su vientre, mientras gritaba con miedo y con frenesí: -¡No por favor, no me hagas nada!- Ella quedó helada en un instante de su pasado.
Cuatro meses antes, caminaba en una calle vacía, de regreso de la escuela nocturna. Las luces de avenida fallaron unos minutos. Ella no pudo ver nada, solo oía su voz. Una voz grave sobre su oído; blasfemando, y amenazando. Ella sintió como la tomaba por el cuello y en su cara un trapo sucio con morfina. Todo se volvió difuso y lo último que sintió fue la penetración grave y el dolor intenso. Con su postremo soplo de conciencia y la voz quebrada gritó: -¡No Por favor, no me hagas nada!- y perdió el conocimiento. En la mañana, abrió los ojos, estaba en un campo baldío cercano, su ropa estaba hecha tiras y llena de su propia sangre. Ella sentía aún la suciedad de la vil caricia sobre cada parte de su cuerpo y el dolor intenso entre las piernas. Y entonces, sentada en la soledad del campo donde empezaba a amanecer lloró en silencio, lloró sin hacer ruido por vergüenza a ser escuchada por el mundo lloró rogando a Dios que la fulminara en ese instante de cualquier forma…
La luz regresó al vagón y la mujer que estaba sentada frente a la joven embarazada la abrazaba para tranquilizarla:
-Ya, ya mi niña; no pasa nada, asustarás a tu pequeño…-
-Gracias- Dijo la joven entre lágrimas, -Ya estoy mejor y créame este niño que mi vientre guarda no sufrirá ni verá el miedo porque él es el producto de esos sentimientos…
La mujer miró a la joven con espanto -No sabes niña lo dices-. La dama se levantó, tomando entre sus brazos una bolsa negra que parecía pesar demasiado. Estaba llena de ropa para niño que llevaba a un orfanato. Se colocó frente a puerta poco antes de llegar a su estación. De pronto su cabeza se volcó en remembranza y recordó su propio embarazo.
Ella era casi una niña cuando su ser guardó una diminuta hebra de vida. Su esposo, era un hombre conflictivo. El embarazo no le producía felicidad ni complacencia, el penetraba a su mujer como una yunta cuando lo deseaba. Ella había aprendido a no sentir nada y a gemir un poco solo para evitar el enojo de su marido, aún podía decirle “Te amo” al verlo atravesar la puerta, y servirle la cena. Pero una vida tan “perfecta” duele en el alma y desgarra los deseos. La noche que lo despidieron del trabajo llegó a casa furioso y descargó el odio contra su joven esposa pateando su vientre hasta provocarle un aborto.
La mujer maldecía con moretones en todo el cuerpo, intentando juntar entre sus brazos los restos de lo que había sido su infante, y los besaba llenando su faz de sangre. El hombre cayó de pronto en conciencia y salió de su casa con el alma y el corazón de un hilo, el miedo le carcomía. Tomó su automóvil y compró una botella de whisky barato en un bar cercano. Una hora duró su lucidez, y ya al calor del alcohol, cuando sus venas estaban reventando de adrenalina retó a un tipo aún más ebrio a un duelo. El hombre rompió la botella de whisky, y el tipo sacó una navaja. Su mano sangraba por el golpe mal colocado y su oído se percató de un sonido diferente al de las multitudes. Una voz de un niño que gritaba con emoción a su rival…-¡Papá! ¡Entierra y gira papá!- El hombre perdió toda concentración al escuchar esa palabra que guardaba tanto en una secuencia de letras… -Papá-. Entonces, el rival con golpe ebrio hizo caso a la voz de su pequeño fan, y nubló por completo la vista del hombre.
La puerta del vagón quedó totalmente abierta y el silbato de avance sonó estrepitosamente. La mujer tomó la bolsa de plástico negra y se acarició su infértil vientre, dio un paso fuera del gran gusano y le gritó a la joven embarazada:
- Mi niña, tienes vida en tu vientre… ¡no dejes que nada la consuma!-
La mujer sonrió despidiéndose de la joven con una agitación de mano y siguió su camino con una leve sonrisa en su cara casi marchita. La joven en el vagón volvió a acariciar su vientre y susurró un “Te amo”. Inmediatamente comenzó a buscar nombres de nuevo…
El gran gusano naranja siguió avanzando por la senda marcada de metales. Estación tras estación. Repentinamente y casi corriendo entraron al vagón un grupo de amigos; chicos de preparatoria que se dirigían al centro de la ciudad por un poco de alegría entre risas y savia de Maguey. Los jóvenes se divertían blasfemando y hablando con palabras que pocos adultos comprendían. El público del espectáculo de la juventud se encontraba absorto. Ellos notaban que tenían la atención de todos, incluso de los que por pena a la evidencia evitaban mirarlos. Las señoras los escuchaban horrorizadas fingiendo poner atención en el bordado.
Ellos hablaban de su mundo, del amor, de la felicidad y de la tristeza. Hablaban del amor, como el que tiene la liberta de sentirlo, una madre cayó en espanto magno al escuchar la palabra “lesbiana” y cubrió al pequeño bebé que llevaba en brazos. Mus, hecho a reír, preguntándose por que vivía en este mundo…
Mus era una chica inconfundible, su cabello azul y verde, sus lágrimas rosas…Sus ideas trascendentes y estáticas. Ella no era el común de los jóvenes en la tierra, y le gustaba no serlo. Su corazón se habría destrozado si no fuese única. Pero realmente lo era, el peligro era nulo. La mirada de Mus no daba dulzura y mucho menos si no era lo que quería ofrecer. No sabía que era odiar, pero tampoco que era amar. Ella creía amar en odio.
En los andenes, esperando la llegada del gusano se postraban un grupo de niñas de secundaria, que se reían contando simplezas mientras maquillaban su juventud entre colores pasteles. -Es una escena risible-, pensó Mus en voz alta, sus amigos rieron con ella y le retaron a intimidarlas. El silbato sonó y la puerta se abrió. Más ellas no entraron. Miraron a los amigos con gesto extraño y Mus no despegaba la mirada de sus débiles rostros rosados. Cargó de odio sus cautivos ojos de pintura negra y clavó en ellas una mirada. Las chicas la observaron y huyeron de su odio fingido, pero aún observaban de soslayo. Las puertas se cerraron y el silbato sonó de nuevo. Mus levantó su palma a través de la ventana de l puerta y ondeo sus dedos uno a uno en señal de despedida, como una dulce niña.
Al otro lado del vagón en la esquina, frente al hombre de negro. Plácidamente dormía un anciano de ropas raídas y llenas de suciedad de tiempo; utilizaba como bastón un paraguas roto y su cabeza llena de canas estaba cubierta por una gorra roja llena de pequeños agujeros. El vagabundo cargaba todas sus pertenencias en un costal de yute y a través de su boca entreabierta, se podía notar la falta de dientes y la putrefacción de los que quedaban, bebía mezcal de una botella plástica, que abrazaba como si fuese más valiosa que su vida misma. La gente lo miraba con desprecio de vez en cuando en alguna estación un alma caritativa, deseaba solucionar su vida y le daba una moneda. Cuidando de no entrar en el aura de podredumbre que se desprendía del viejo. El olor a muerte era presente en está alma lejana al cielo a pesar de su aún presente vida… si se le podía llamar de este modo.
El anciano producía sonidos extraños que señalaban su dificultad para respirar. Las madres alarmadas daban sermones a los niños que las acompañaban sobre la importancia de estudiar, y los niños somnolientos solo asentían con la cabeza la preocupación de sus madres. Justo cuando el longevo estaba a punto se toser en flemático golpe, la puerta del vagón se abrió y una multitud fulminante hizo acto de presencia. Una chica vestida elegantemente entró al gusano naranja, de la mano de su novio, el viejo dejó caer una mano sin darse cuenta mientras dormía, y rozó la pierna de la muchacha que gritó escandalizada el novio dio un golpe agudo sobre el vagabundo que solo dejó salir un grave grito y comenzó a convulsionar… Un ataque al corazón.
La gente del vagón se alborotó, todos gritaron, unos por pena y otros por morbo. Un joven jaló la palanca de emergencia y el gusano se detuvo, los paramédicos no llegaron hasta tres horas mas tarde y el muchacho con la novia ya habían huido.
Eran ya las seis de la tarde. Y todas las almas de desplazaban con prisa hacia lugares indescriptibles. El gran gusano era entonces la contracción de vidas, el sudor, el calor, la descomposición de una sociedad mezclada sin derecho a réplica… era inminente el estado de la letárgica locura. La paranoia y el desasosiego, el movimiento continuo hasta la llegada del gran gusano, entre el calor fatídico de las muchedumbres impacientes. Las historias seguirían y el dolor del caminar con prisa hacia ninguna parte era inminente.
El hombre de negro se levantó de su asiento. Y miró de nuevo el vagón aún lleno. -Es suficiente pena- pensó de inmediato. Dormiré esta noche fingiendo que jamás vi todo esto. El timbre del vagón sonó estrepitosamente, y el hombre de negro siguió imaginando vidas caminando por una calle…. Y riendo, riendo tan profundamente que nadie escuchaba la carcajada….

3 comentarios:
vagones, vagones lugares de transporte inmaculados y tristes, tan lenos de odio como de sudor. grandes muy grandes que puedes caminar a través de sus asientos incomodos que te saben a gloria después de un agotante dia.
Me gusta viajar en los gusanos, me encanta. Es incomodo y asqueroso pero bien vale la pena soportarlo por ver un circo inanimado un rato y sólo por la módica cantidad de $2.00 pesos.
tE AmO.
A diferencia de Salli a mi no me gusta viajar en el metro. Lo disfruto, es cierto, pero solo cuando estoy bien acompañada. Si voy sola solamente es ir viendo ojos disparando mediocridad, conformismo, odio, intolerancia, rencor, desilucion... solo una que otra vez te encuentras con miradas convincentes, que te gritan mundos mejores del que podemos palpar.
El gran gusano es un caldo de arrepentimientos humanos, de formas amorfas, de manias sexuales reprimidas y vestimentas que te etiquetan en algun grupo social. Pero no solo es eso. El gran gusano es un reloj gigantesco, que marca cada estacion de paso presisamente, aunque estes completamente perdido entiendes que hay algo que avanza y te transforma, tu vida avanza en el metro como lo avanza en el tiempo...
Quizas no sea tan bueno observarlos. Mucha gente, muchisimas historias, pero solo una verdad: nadie de ahi es real.
Ni que decir de lo demás... solo pensarlo me revuelve las viceras con los sentimientos. Viejos y jovenes tocando mujeres. Borrachos babeando sus extremidades. Mujeres pensativas de pasados flacidos. Niuños jugueteando con las bacterias. Personas que venden conformismo a cambio de un Cd de los intocables o los tigres del norte o, ¿por què no? de panda y simple plan. Ladillas con forma humana que se arrastran para limpiarte los pies...
La maldad en su minima expresion, y todo por reducir distancias. Como dice Jovann: "hay maldad y pendejez en todos lados", solo que el no cae en cuanta de que en el metro esto se agudiza. O quizas sea la incontenible necesidad de ir mirando sus modos de vida y la desfachatez a la que te orillan te obligan porque es el unico lugar donde nadie te puede manipular.
Me he desviado infinitamente... pero no importa, confio en tu profunda capidad intelecutal para descifrar mi idiotez.
Pero no importa, no importa mucho, porque a fin de cuentas ellos solamente son personas dentro de una multitud llamada gente. Y ustedes son más que humanos... a demas: NADA VALE LA PENA PARA ESTAR TRISTE.
Y mira que es cierto. Unas cuantas cervezas y empiezas a recordar los ardores de tus muertos, los desamores y los sueños jamas cumplidos. Las promesas rotas y los ojos con lagrimas volatiles... y en el fondo no importa: el pasado ya me paso.
Despues de quitarle la maldicion a tu casa pude ir. Y por algunos instantes fueste solo mia. Ya no tan distante de mis ideas, no tan contradictoria en mis sentimientos y no tan tú. Te abrase como nadie jamas lo volvera a hacer y estuve por instantes con una felicidad inexplicable... incalculablemente grande, enorme.
ME senti privilegiada por primera vez, tener amigos como ustedes, estar contigo, aunque no entiendas todas las frases incompletas y las ideas mal expresadas estas conmigo, sin pedirme màs que un abrazo.
No entiendo tambien esta situacion. Me aturde pensar que me importas demasiado, que eres de esos "engendros" que cambian lo poco que se deja cambiar en mi y sobre todo que te quiero.
Habrá mas intelectuales en mi vida (espero), más locos, mas desquiciados, pero no habra otra persona que se acerque a tu sapiensa. Tienes un enorme potencial maquillado detras de una fragilidad austera.
Tiens tantas cosas buenas...
...deberias aprovecharlas.
No todos los dias engendran algo como tu.
Y sobre todo, no todos los días podre conocerte otra vez...
Gracais por pertenecer a mi vida, por demostrarme otros sentidos(aunque no me gusten) y por recordarme a ratos que el humanismo siempre estará ahi, porque junto a mi estas tu.
y como diria la novelezca pero certera frase: Y ya no estoy sola... estas tu aqui...
tu Muss
gracias por el dia.
Este comentario es para ustedes 3 (Sally, Niña Jack, Mara):
Yo no sé escribir, no puedo hacerlo como ninguna de ustedes 3, pero deseo decirles que no es frecuente encontrar gentes con su sensiblididad y talento, con esa gran capacidad de entender el mundo en sus pequeños paro tan significativos detalles, leerlas a las 3 es un placer.
Por favor nunca se separen, no dejen que el autoritarismo de esta sociedad se ensañe con ustedes, jóvenes inteligentes. Mi llas distancias, ni la represión familiar, ni los gritos, ni las moralinas deben hacerles mella. Resistan y sigan juntas, siempre. Desde lo más porfundo de mis sentimientos y mis pensamientos, de mis necesidades más trascenentes les quiero decir que la humanidad necesita personas jóvenes como ustedes 3. Si no ¿que va a ser de todos nosotros?
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Muchas gracias por sus palabras!!!!!!!!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡y que viva para siempre la esperanza!!!!!!!!!!!!
Khaziel
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