Teatro Absurdo: Feria del libro y la rosa 2010
La luz en la recámara tenía un color amarillo casi cálido; él estaba aún tirado sobre la alfombra mirando caer las pelusas desde el centro de la lámpara, el haz se difuminaba hasta convertir la luz en una onda que lo mareaba un poco, quizás más que las pastillas que no podía dejar de consumir.
Soñé que era una Sirena… una sirena con alas, encerrada en un tanque. Soñé con la luz amarilla de mi recámara y con ella una vez más.
-¿Qué te recuerdan las sirenas?- Le dijo una voz grave desde el fondo de la habitación. El sillón y la alfombra, que conocía como distintas a las que miraba cuando dormía, la ponían más nerviosa que la voz que le hacía preguntas. (Una voz sin rostro siempre asusta, es como hablar sola.)
-“Jugar al loco”. Dijo mientras recordaba en voz baja las palabras que su maestra de historia había dicho en su última clase del día anterior: –‘cuando hablas en voz alta puedes entender mejor el inglés medio, ese que no tiene mucho sentido; si como los cuerdos, lees en voz baja.’ -De todos modos, no fue fácil entender la poesía medieval, y las sirenas me recuerdan una canción que ya no sé pero que me gustaba hacía mucho tiempo.
Miró sus manos, buscando alguna línea inexistente a sus ojos antes y que hubiera aparecido mientras dormía. Pero no, sus manos eran exactamente las mismas y permancecía también el mismo sabor amargo que entraba por su garganta y golpeteo en la cabeza y la pulsación en el pecho de todas las mañanas y de todas las pesadillas...
